El botón decía «Finalizar compra», pero no era el final.
Con la gente llegando al carrito, el freno pasó al último tramo. Rediseñé el carrito de chärm en dos rondas: primero sumé incentivos y confianza; después, tres pruebas con usuarios mostraron que el botón prometía algo que no pasaba. Con eso hice la segunda ronda.
El último tramo es el más frágil.
Después de arreglar la página de producto, 5 de cada 100 visitas empezaron a agregar un collar al carrito. El siguiente cuello de botella era evidente: pasar del carrito al pago.
El carrito de chärm está hecho en Framer y conecta con el checkout de Shopify, que casi no se puede personalizar. Todo lo que quisiera mejorar tenía que pasar antes de ese salto.
Tres versiones, un mismo carrito.
Tocá cada versión para ver qué cambió en cada una.
Tres personas, una compra simulada.
Con la primera ronda lista, les pedí a tres personas que simularan una compra. Aparecieron tres problemas:
“El botón decía «Finalizar compra», pero para el usuario todavía faltaba lo más importante.”

